La agroecología, un apráctica saludable y amigable con la naturaleza

enero 10, 2024 11:42 am

La agricultura, desde un entorno familiar, para garantizar la seguridad alimentaria, ha sido un esfuerzo de más de 25 años de la Fundación para el Desarrollo y Fortalecimiento de las organizaciones de base (Fundebase).

Pero no se limita solo a promover la producción de alimentos, sino se enfoca en que estos se produzcan de manera saludable y amigable con la naturaleza. De ahí que la agroecología es la base fundamental de los procesos que se impulsan en comunidades rurales desfavorecidas, en diferentes territorios de Guatemala.

La diversificación de productos en parcelas reducidas es posible gracias a las prácticas agroecológicas, incluso con excedentes que apoyan la economía familiar, ya que estos se comercializan en mercados locales, que se han denominado “mercados campesinos”, en los que la frescura de los frutos recién cortados del huerto es un valor agregado.

Sin embargo, incursionar en la agroecología no es una tarea fácil, pues requiere de mucha paciencia, un trabajo tesonero que incluso se debe hacer con amor, tal como nos cuenta doña Atilana Balán, de la comunidad Varituc, San Martín Jilotepeque, Chimaltenango. Ella es la viva experiencia de que el trabajo con la agroecología es un proceso que requiere de tiempo y espera.

Su parcela heredó un pasado agroquímico, pues se encuentra en una zona donde el terreno fue explotado por muchos años por fincas cafetaleras, dejando la tierra en un estado con bajos nutrientes. Así que, desde hace más de 20 años, ella se involucró en los procesos de Fundebase, empezando por la recuperación de la tierra, fertilizándola con abono orgánico.

“Antes de conocer a Fundebase, yo no sabía cómo funcionaba lo agroecológico, yo solo aplicaba puños de fertilizante (químico) a mis siembras, para que crecieran bien, pero me di cuenta que mataban todo. Las hojas de la milpa, el frijol se tosteaba”.

Doña Atilana Balan.

Sin embargo, cuando se involucró en Fundebase, se formó y “se fue fortaleciendo la tierra, porque ya tenía más comida, la tierra ya se hizo fértil, ya con más potencia (…), como una persona, entonces de ahí, empezamos lo que es cafetal, frijol, milpa, todo se fue poniendo verde (…)”. También empezó a sembrar árboles frutales, que son parte de la producción para el consumo familiar.

“Con mi familia somos bastantes, por eso es que lo que producimos es para nuestro consumo, pero ha sido de gran ayuda, porque ya compramos poco. A mis nietos, por ejemplo, les preparo refrescos naturales y té de hierbas, lo que les da alimento y les ayuda a no enfermarse tanto, porque es natural”, refiere sobre el aprovechamiento que hace de su parcela.

Sin embargo, no fue de la noche a la mañana. La experiencia de recuperación de la tierra, a doña Atilana, le llevó alrededor de 10 años, pero ella valora el resultado y los beneficios que ahora goza en su parcela y en otros terrenos donde también ha aplicado la misma práctica.

Caminar por su parcela, donde vive, es todo un encuentro con la naturaleza. Cada elemento tiene un valor y una función para la autosostenibilidad. El ganado y pollos, por ejemplo, contribuyen con la producción de alimentos, ya que sus heces se transforman en abono que fertiliza la tierra y las siembras.

Los mismos desechos humanos son aprovechados, pues también se convierten en abono orgánico, siguiendo un proceso de mezcla con ceniza y reposo, recolección que se obtiene de la letrina abonera. “Acarrear el abono a veces cuesta, se puede uno embarrar, pero por algo que vale la pena, porque la tierra vive”.

Su convicción es extraordinaria, es una apasionada de la agroecología que, con sus años de experiencia, no tiene dudas sobre los beneficios y cada día fortalece sus conocimientos y los comparte con quien esté dispuesto o dispuesta a aprender y aplicar estas prácticas.

“Mi padre nos dejó su experiencia, es bueno hacer cultivos”

Más al occidente del país, en Sacpulup, Chupol, Chichicastenango, se encuentra la señora Juana Sacuquí Velásquez, quien desde hace cuatro años aplica conocimientos que mantienen diversificados los frutos de sus parcelas. Al contrario de doña Atilana Balán, debido a la geografía de su terreno, no tuvo un proceso largo de recuperación del suelo.

Su cercanía a la agroecología es más amplia, ya que heredó los conocimientos de su finado papá, quien participaba en procesos de Fundebase. Doña Juana aplicó todos los saberes cuando tuvo la oportunidad de contar con un terreno propio.

“Mi papá me dijo que Fundebase siempre apoya a las mujeres con sus experiencias y en cómo sembrar sus cultivos, plantas medicinales, así me enteré para participar”, cuenta doña Juana. “Nos dejó su experiencia, nos decía que es bueno hacer su cultivo, sus animales, allí es donde me entero yo, como yo miro que él siembra sus papas, sus hortalizas, sus animalitos y me gustaba, yo lo puse en práctica”.

Ella es viuda, por lo que en el terreno que dejó su esposo es donde ahora siembra, junto a sus hijos, tienen matas de árboles frutales, plantas medicinales, milpa y otros frutos, todos fertilizados con abono orgánico.

Ella se involucró en un proyecto de pase en cadena, modalidad impulsada por Fundebase, en donde se le brinda una cabra para después trasladar la cría que pueda tener, a otra familia beneficiaria. Mientras tanto, está produciendo abono con el estiércol del animal.

Convencida de los beneficios que brindan las prácticas agroecológicas, también tiene lombricomposta; el abono que produce es suficiente para alimentar su terreno y obtener los alimentos para su familia.

Con su involucramiento en Fundebase, ella no solo está aprendiendo agroecología, sino también se ha formado sobre sus derechos como mujer y en la transformación de plantas medicinales, lo que valora con emoción.

“También aprendí a procesar algunas plantas, por lo que ahora sé hacer shampú”, nos explica doña Juana, quien también tiene beneficios económicos, pues su parcela produce excedentes que comercializa entre sus propios vecinos, pues ya han notado la calidad de su producción. Con ella adquieren productos como chile, granadilla, carambola, plantas medicinales, flores y otros productos, además de pollos y otros animales que ella cría.

“Siempre estamos aprendiendo cosas nuevas”

En Chichicastenango, Quiché, también se encuentra don Sebastián Reinoso Xaper, del cantón Pajuliboy. A sus 68 años, está más que activo, sembrando y cosechando en su parcela una amplia variedad de productos.

Él también cuenta con cabras, aprovechando la orina de los animales para evitar las plagas y el estiércol como fertilizante para la milpa y los árboles frutales. En su terreno tiene manzana, ciruela, durazno, aguacate criollo, granadilla, güisquil, yuca, jocote y plantas medicinales; una gran variedad en una parcela llena de verdor.

Su experiencia con Fundebase es reciente, pero anteriormente participó con otra organización que también fomenta la agroecología, por lo que sus conocimientos son amplios. “Ahora estamos implementando un nuevo repelente para insectos, que a la vez es abono, que se prepara a base de ajo, chile y albahaca (…) siempre estamos aprendiendo cosas nuevas”.

Don Sebastián es un productor asiduo, pero no en vano, porque su producción le sirve de alimento a él y su familia, además de generar ingresos económicos, pues para el consumo familiar está ampliamente cubierto, el excedente lo comercializa en mercados locales y tiene algunos compradores que llevan el producto a otros departamentos.

“Me cuesta un poquito salir, porque tengo que atender las siembras, por eso prefiero que lleguen a comprarme”, explica don Sebastián, quien también ya empezó con la crianza de lombricomposta, con la intención de mejorar cada día sus productos.

Si bien es cierto que la agroecología requiere de tiempo y dedicación, estas experiencias son ejemplo de lo apasionante que puede llegar a ser, toda vez que se conocen los beneficios para la salud y la alimentación. El conocimiento adquirido es valioso, porque beneficia a toda la familia, incluso extendiéndose más allá de la comunidad.

En su compromiso de contribuir con la seguridad alimentaria, Fundebase continúa su trabajo de formación y promoción de la agroecología.

Producido por Fundebase con el apoyo financiero de Misereor.

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