
Familias enfrentan sequía e inseguridad alimentaria construyendo un pozo artesanal, con el cual beneficiarán a 52 familias del Corredor Seco, de la aldea Santa Elena, situada en el municipio de San Andrés Sajacabajá, Quiché.
Santa Elena, ubicada a más de 50 kilómetros de la cabecera departamental de Quiché, es una de las comunidades que se halla en una región susceptible a sequías prolongadas, y que además se enfrenta a la pobreza y a la degradación ambiental.
En ese contexto, las familias de Santa Elena, a quienes acompañamos durante los últimos dos años, están diversificando sus cultivos, sembrando plátano e introduciendo especies locales como la Rosa de Jamaica, además del maíz, hortalizas y maní.
Hacia la soberanía hídrica

Las familias, lideradas por las promotoras Olivia Natareno y Silvia Reyes Lancerio, y los promotores Santana de León, Fredy Reyes y Wilmer de León, emprendieron la tarea de construir un pozo artesanal comunitario.
«Como promotora estoy muy agradecida de tener el proyecto del pozo porque ya logramos encontrar el agua. Gracias a Fundebase porque nos pudieron apoyar con el proyecto. Nosotras como promotoras y las 52 familias que tenemos aquí hemos estado luchando para tenerlo», señaló Natareno.
Este proyecto busca garantizar el acceso al agua de manera sostenible y segura para el riego de los cultivos de todas las familias y para la producción pecuaria comunitaria, con ello, enfrentar la sequía e inseguridad alimentaria que afecta a la región.
Las y los promotores localizaron el manantial utilizando técnicas tradicionales de zahorí y la observación de la flora. Esto les permitió identificar suelos donde se encuentran aguas subterráneas.
Durante la perforación de los 35 metros que mide el pozo, las y los promotores se aseguraron de garantizar el respeto al entorno natural.
La construcción del pozo, del cual esperan obtener 600 litros de agua por minuto, con lo cual esperan hacer frente a la sequía e inseguridad alimentaria de la región.
También tiene como objetivo establecer un modelo de gestión comunitaria, permitiendo que la comunidad tome decisiones colectivas sobre el cuidado y la distribución del agua. De este modo, se asegura la autonomía hídrica y se disminuye la dependencia de fuentes externas.
Hacia la soberanía alimentaria

“Un día queremos tener nuestras propias hortalizas, nuestras verduras frescas para comer”, dice emocionado Santana de León, uno de los promotores comunitarios que lideró el proyecto.
En Santa Elena, los cultivos tradicionales incluyen el maíz, la manía y diversas hortalizas, además de la cría de cabras, pelibueyes, gallinas y otros animales de corral. Por lo tanto, la construcción de un pozo artesanal representa una inversión en la soberanía y la seguridad alimentaria para las familias de la región..
“Agradecemos mucho la colaboración ya que en nuestros lugar es muy escasa el agua, y con su ayuda queremos beneficiar a las familias”, dijo agradecido Wilmer Reyes, otro de los promotores que estuvo al frente del proyecto.
Pozo artesanal: agroecología para asegurar su sostenibilidad

La implementación de técnicas agroecológicas, como la reforestación y zanjas de infiltración, es esencial para recargar acuíferos y conservar el suelo. Estas acciones ayudan a las comunidades a enfrentar la sequía y la inseguridad alimentaria mediante el uso de pozos artesanales.
Además, se espera poner en marcha otras prácticas para la protección de las fuentes de agua como el “encamisado” en donde se emplean piedras o madera para cubrir las áreas y evitar asi la erosión y su contaminación.

