Cuidar y enriquecer la tierra mediante la agroecología

La parcela de doña Atilana Balan, residente de la comunidad Varituc Santa Teresa en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, muestra cómo cuidar y enriquecer la tierra mediante la agroecología.

Ubicado a 72 kilómetros de la Ciudad de Guatemala, su terreno sufrió el uso de agroquímicos durante años debido a las fincas cafetaleras de la región, lo que ocasionó la pérdida de nutrientes. Por eso, decidió unirse a los procesos de Fundebase para recuperar su tierra a través de la fertilización con abono orgánico, hace aproximadamente 20 años.

“Antes de conocer a Fundebase, no comprendía cómo funcionaba la agroecología; simplemente aplicaba puños de fertilizante químico a mis cultivos para que crecieran adecuadamente, pero me di cuenta de que eso los perjudicaba. Las hojas de la milpa y el frijol se marchitaban”, comenta doña Atilana.

Doña Atilana Balan es una promotora agroecológica Maya K'iché, que cuida y enriquece su tierra atravéz de la agroecología.

Una década de cuidado y nutrición

Al unirse a Fundebase, doña Atilana recibió capacitación que revitalizó la tierra, ahora rica en nutrientes. La parcela se tornó fértil y potente, lo que permitió el cultivo de café, frijol y milpa. Todo comenzó a llenarse de verde. Además, plantó árboles frutales que aportan producción para el consumo familiar.

«En mi familia somos muchos, así que lo que producimos es para nuestro propio consumo. Esto ha sido de gran ayuda, ya que ahora compramos poco. Por ejemplo, preparo refrescos naturales y té de hierbas para mis nietos, lo que les proporciona alimento y les ayuda a no enfermarse tanto, porque es natural,» explica doña Atilana sobre el uso de su parcela.

La recuperación de la tierra requirió aproximadamente 10 años, y ahora doña Atilana valora los resultados y beneficios que disfruta en su parcela y en otros terrenos donde aplica la misma práctica.

La parcela de doña Atilana demuestra que cuidar y enriquecer la tierra a través de la Agroecología es posible. El ganado y las aves de corral contribuyen a la producción de alimentos, ya que sus excrementos se convierten en abono que fertiliza la tierra y los cultivos.

También aprovecha los desechos humanos que recolecta de la letrina abonera, para transformarlos en abono orgánico mediante un proceso de mezcla con ceniza y reposo. “Transportar el abono a veces es complicado, puede ser un poco sucio, pero es por una causa que vale la pena, porque la tierra vive”, asegura doña Atilana.

Doña Atilana es una apasionada de la agroecología. No tiene dudas sobre sus beneficios y cada día refuerza sus conocimientos y los comparte con quienes estén dispuestos a aprender y aplicar estas prácticas.

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